El 23 de noviembre, el diario Clarín publicó la nota multimedia “Vida de riesgo o vida digna en Villa Fiorito”, en un intento de diagnosticar los males de “La isla” en Fiorito, y, al mismo tiempo, proveer sus soluciones. En respuesta a la publicación, los alumnos del Bachillerato Popular Tierra y Libertad escribieron en clase de Cívica sus propios textos, donde expresaron sus miradas sobre el barrio, sus experiencias y vivencias personales. La siguiente carta la escribió Alejandra Céspedes, alumna de 1º año, en respuesta a lo publicado en el diario:
Mis raíces: Fiorito
Mis abuelos llegaron del Chaco a Fiorito, cuando mi mamá tenía 2 años, en 1963. Vivían en lo que hoy es la calle Plumerillo y Azamor. Fiorito era todo descampado, las casas estaban alejadas unas de otras, las calles eran de tierra y pasto, las casas eran de madera y chapa.
Había un pequeño arroyo en donde hoy es Plumerillo y Bernal, de agua cristalina donde todas las mujeres lavaban la ropa, en las calles no había luz más que la luz de la luna. No tenían iglesias, entonces se celebraba misa un día en cada casa.
Un grupo de inmigrantes paraguayos que eran vecinos de mis abuelos, que también vivían en Fiorito, fueron a pedirle al sacerdote de la iglesia de Santa Cruz que la gente del barrio quería tener su propia iglesia. El sacerdote Emilio se conmovió ante el pedido y fue a hablar con el obispo. Así fue como surgió la primera iglesia en Fiorito, que al principio sólo era una casilla. El mismo grupo de inmigrantes paraguayos fue a buscar a la virgen de Caacupé a su país y la trajeron. La virgen tenia su propio pasaporte, como una persona.
Había monjas que daban catequesis casa por casa , la salita de Larrázabal era solo una pieza de material, en ese entonces no había agua, la gente esperaba que pasara el aguatero. Los niños del barrio iban todos los días a mirar “El Zorro” en la casa de mi abuelo, ya que eran muy pocos los que tenían televisión, en ese tiempo en blanco y negro.
La gente, grandes y chicos, en verano jugaban al carnaval y a la noche se disfrazaban, cuando yo era chica lo seguían haciendo.
Mi nombre es Alejandra, nací en Fiorito el 26 de junio de 1980 viví y crecí en Azamor 342, terminé la primaria en la escuela Miguel Cané nº 79. El colegio era de chapa, cuando yo iba era de material, pero seguían habiendo algunos salones de chapa y los chicos sufríamos mucho el frío en el invierno.
Recuerdo que los vecinos del barrio se organizaban para hacer campeonatos de penales, vendían bebidas y choripanes para juntar plata y poder hacer un mejorado, ya que cuando yo era chica Fiorito era más poblado pero las calles seguían siendo de tierra.
Mi mamá me dijo que Fiorito siempre tuvo mala fama, antes porque era un barrio que recién empezaba descampado y oscuro. Yo pienso aunque pasó el tiempo y Fiorito fue cambiando para bien, siempre va haber alguien que diga que la gente de Fiorito somos unos negros de mierda, sin futuro ni esperanza.
Sé que hay delincuentes, adolescentes perdidos que necesitan ayuda, pero esto pasa en todos lados, no solamente en Fiorito y eso no quiere decir que haya gente buena y trabajadora.
Fiorito dejó de ser una villa para convertirse en un barrio cada día mejor. Hoy yo también tengo mi propia familia y al igual que mis abuelos y mis padres, estoy empezando de abajo en el barrio Soledad, en la calle Formosa 83, Fiorito.
Todos los recuerdos hermosos que tengo de mi niñez en Fiorito nadie me los va a quitar ni ensuciar con sus palabras de desprecio hacia lo fue y es mi hogar. Y así como yo fui feliz todos estos años, sé que mis hijos también lo serán, porque éstas son mis raíces.
Alejandra Céspedes, alumna de 1º año del Bachillerato.











